Our Lady of Guadalupe Story & The Painting it Inspired

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Faith and Hope

La Fe y Esperanza

Tlaneltoquiliztli Ihuan Techializtli

The horrific and disorienting sights and sounds of that campaign would trouble him for years. What haunted him most deeply about that chaotic day were the images of so many less fortunate men, some killed instantly and others who tragically drowned in the sea while everyone else struggled toward the beach. Hunched down in his landing craft, he thought only to pray as he clutched tightly against his chest a baseball-card-sized picture of Our Lady of Guadalupe, an iconic source of spiritual faith and comfort for Mexicans like his parents, as well as the young cousin who had given it to him months earlier with these words: “Santos, she’ll bring you back home to us.” 

 

That simple gift steeled his resolve during other tests of faith as well, the first just five days later when a friend with whom he had bonded during basic training was killed as they marched inland towards the mountains. This episode so resonated with my daughter Natalie Rose that, at my request, she painted a picture of Our Lady of Guadalupe overlooking two soldiers in the field, depicting what she felt best represented their shared experience, and I believe she captured the moment perfectly. 

 

Her mother Alison and I could never have imagined that within four short years of finishing this artistic tribute to her grandfather we would lose our beautiful and talented Natalie Rose to a cancerous angiosarcoma of the heart at 24. Her vibrancy and courage “under fire” were second to none, and The Latino Warrior Project will honor her Warrior Spirit from this point forward, by proudly embracing her painting as an integral part of our programming.

 

Sincerely,

Gregg Nevarez

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The morning of April 1945, nineteen-year-old Santos Nevarez, my future father, stepped onto a barge in the waters off Okinawa as Kamikaze planes fell from the sky, one of them narrowly missing the vessel that would carry him into one of the bloodiest battles of World War II. These dramatic details my mother shared with me and my daughter Natalie in 2010, nearly 20 years after his passing, with tears streaming down her face as she remembered both his anguish and his enduring distaste for recalling the trauma of combat.

En Español

 

La mañana de abril de 1945, Santos Nevarez, de diecinueve años, mi futuro padre, subió a una barcaza en las aguas frente a Okinawa cuando los aviones Kamikaze cayeron del cielo, uno de ellos perdió por poco el barco que lo llevaría a uno de los batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial. Estos detalles dramáticos que mi madre compartió conmigo y con mi hija Natalie en 2010, casi 20 años después de su fallecimiento, con lágrimas corriendo por su rostro al recordar tanto su angustia como su perdurable disgusto por recordar el trauma del combate.

 

 Las imágenes y sonidos horribles y desorientadores de esa campaña lo preocuparían durante años. Lo que más lo obsesionó de ese día caótico fueron las imágenes de tantos hombres menos afortunados, algunos muertos instantáneamente y otros que trágicamente se ahogaron en el mar mientras todos los demás luchaban hacia la playa. Agachado en su lancha de desembarco, solo pensó en rezar mientras apretaba con fuerza contra su pecho una imagen del tamaño de una tarjeta de béisbol de Nuestra Señora de Guadalupe, una fuente icónica de fe espiritual y consuelo para mexicanos como sus padres, así como para los prima joven que se lo había regalado meses antes con estas palabras: “Santos, te traerá de vuelta a casa con nosotros”.

 

Ese simple regalo también fortaleció su determinación durante otras pruebas de fe, la primera solo cinco días después, cuando un amigo con el que se había unido durante el entrenamiento básico fue asesinado mientras marchaban hacia las montañas. Este episodio resonó tanto en mi hija Natalie Rose que, a pedido mío, pintó un cuadro de Nuestra Señora de Guadalupe con vistas a dos soldados en el campo, representando lo que ella sintió que representaba mejor su experiencia compartida, y creo que capturó el momento a la perfección.

 

Su madre Alison y yo nunca podríamos haber imaginado que dentro de cuatro cortos años de terminar este tributo artístico a su abuelo perderíamos a nuestra hermosa y talentosa Natalie Rose por un angiosarcoma canceroso del corazón a los 24 años. Su vitalidad y coraje fueron insuperable, y The Latino Warrior Project honrará su espíritu guerrero desde este punto en adelante, abrazando con orgullo su cuadro como parte integral de nuestra programación.

 

Sinceramente,

Gregg Nevarez

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Natalie Rose Nevarez

Tender Heart

Tierno Corazón

Celic Yollotl

May 21, 1990 - November 2, 2014

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